El 7 de octubre de 2025, la Real Academia Sueca de Ciencias anunció el Premio Nobel de Física para John Clarke, Michel H. Devoret y John M. Martinis, por haber logrado la demostración macroscópica del efecto túnel cuántico. Por primera vez, un fenómeno propio del mundo subatómico se hacía visible a nivel macroscópico, marcando un hito histórico en la física moderna y en el desarrollo de las tecnologías cuánticas.

Solo unos días antes, el 4 de octubre, en la Fundación Eduardo Pondal, en la Aldea do Couto (Ponteceso), se celebraba el encuentro anual da Asociación Galega de Comunicación de Cultura Científica e Tecnolóxica (AGC-CCT). Entre charlas, experimentos y debates sobre divulgación, una experiencia consiguió unir arte y ciencia de una manera inesperada.

Durante aquella tarde, un mago gallego presentó un juego titulado “O bloque escapista”, una demostración mágica del efecto túnel cuántico. Cinco bloques de colores simbolizaban átomos confinados tras una barrera de potencial. Al cubrir el sistema y descubrirlo de nuevo, dos de los bloques habían atravesado la barrera, sin que hubiera signos de ruptura o manipulación aparente.

La ilusión visual representaba el efecto túnel cuántico: el fenómeno por el cual una partícula puede atravesar una barrera energética “imposible” gracias a la probabilidad cuántica. El público fue testigo de una versión macroscópica del mismo fenómeno reconocido días después con el Nobel. Una coincidencia casi cuántica, donde la magia pareció adelantarse —o entrelazarse— con la ciencia.

el efecto tunel cuántico

El autor de la demostración era el Mago Richard, licenciado en Física y profesor de Tecnología, creador de espectáculos científicos que combinan magia, educación y divulgación. Conocido por su proyecto Maker Maxia, que explora el vínculo entre la creatividad tecnológica y la ilusión.

En este formato, Mago Richard transforma conceptos complejos de física en experiencias visuales que despiertan curiosidad y asombro. Su trabajo demuestra que el escenario puede ser también un laboratorio de ideas, donde lo imposible se convierte en visible.

Además de su labor sobre el escenario, el profesor y mago participa activamente en redes internacionales de divulgación científica, como Scientix y la iniciativa europea CodeWeek, impulsando proyectos educativos que integran arte, tecnología y ciencia para fomentar vocaciones STEM y acercar la física al aula de una forma creativa y participativa.

Lo que comenzó como una ilusión inspirada en la mecánica cuántica terminó convirtiéndose en una predicción simbólica del Premio Nobel de Física 2025. Porque, en el fondo, la magia y la ciencia comparten la misma esencia: explorar los límites de lo posible y atreverse a cruzarlos. Actualmente esta inmerso el proyecto titulado Maxia Cuántica, dedicado a divulgar la física moderna a través de la magia.

mago richard
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